Oremos desde el lugar donde menos ganas dan de orar.

Oración en el valle

El versículo del valle

Salmo 23:4 · Nueva Versión Internacional

Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan.

Fíjate en el cambio que nadie anuncia: hasta aquí el salmo hablaba de Dios, y en el valle empieza a hablarle a Dios. La oscuridad no interrumpe la oración; la vuelve directa.

La memoria arma la oración

Henry pone el versículo cuarto en boca de quien ora, y la frase que escribe es un modelo de cómo la memoria arma una oración: habiendo tenido tal experiencia de la bondad de Dios conmigo todos mis días, en seis tribulaciones y en siete, jamás desconfiaré de él, no, ni en el último extremo. El alegato está construido todo en pasado: el que me ha guiado y me ha alimentado toda mi vida, no me dejará al final.

Haz lo mismo con tu propio pasado: nombra primero lo que te asusta, con su nombre real, y enseguida recuerda en voz alta dos ocasiones en que Dios ya te sostuvo. Esa lista corta es tu versión de la frase de Henry.

Tres minutos en el valle

Di el miedo. Sin suavizarlo. El versículo empieza reconociendo la sombra, no negándola.

Di la compañía. Repite la parte del versículo que habla de su presencia, y quédate ahí más tiempo del cómodo.

Deja la vara y el cayado en sus manos. Pide corrección y defensa, las dos cosas, y termina sin resolver nada tú.