Oremos con los que lloran, con palabras que ya saben llorar.
Oración de consuelo
Los dos versículos que cargan el peso
Aun si voy por valles tenebrosos, no temeré ningún mal porque tú estás a mi lado; tu vara y tu bastón me reconfortan.
Seguro estoy de que la bondad y el amor me seguirán todos los días de mi vida; y en la casa del Señor habitaré para siempre.
Un final que es un voto
Y la línea final Henry no la oye como un deseo, sino como un voto: leemos la última
cláusula como el pacto de David con Dios
. Lo que el salmo pide, también lo empeña. Eso es lo
que lo vuelve una oración y no solo una cita: termina comprometiendo a quien la dice. La certeza
que hay debajo no es optimismo: es tan segura como la promesa del Dios de verdad puede
hacerla
.
En un duelo, ese voto es lo que la familia necesita escuchar: no una idea sobre el más allá, sino la voz de alguien que decidió quedarse cerca de Dios y lo dijo en público.
Para leerlo en voz alta en un servicio
Anuncia la traducción y respira. Un salmo conocido se escucha mejor cuando nadie tiene que adivinar qué versión está oyendo.
Lee sin prisa y marca una pausa antes del versículo 4. Ahí el salmo deja de describir y empieza a hablar con Dios; la pausa deja que todos crucen con él.
No lo expliques en ese momento. Deja que el salmo diga lo que la familia no puede decir todavía; la explicación cabe otro día, el consuelo cabe hoy.